Thursday, June 15, 2006

Que nada te perturbe

Este es un cuento que escribi hace muuucho tiempo, de hecho creo que hace más de tres años....veo que las cosas no han cambiado mucho, al menos sigo pensando lo mismo del amor, y de los encuentros y desencuentros....




Que nada te perturbe.



Era invierno, y a pesar de la hora, la habitación estaba oscura. Acostado en su cama, observando la plenitud del techo, su cuerpo ya no resistía el calor del roce de las sabanas entre sus piernas y una gota de sudor caía desde su frente lentamente.
Decidió salir del departamento a caminar, quizás solo para escapar del intenso calor que sentía, talvez buscando huir de la agobiante soledad.
Salio del edificio con un delgado abrigo negro, que escasamente lo protegía del frío , pero si de las miradas inquisidoras. Sintió el viento helado penetrar en el abrigo. Observo el paisaje gris y las infinitas calles a su paso. Se sintió ajeno al ajetreo de la avenida; entonces la diviso a lo lejos, pasaba inadvertida entre la multitud, pero pudo distinguirla sin dificultad. Sintió que no había nadie más que ella en esa enorme ciudad. Noto que caminaba sin compañía, y la vio pequeña e indefensa. Sin detenerse a pensarlo un segundo quiso seguirla, sin ninguna intención, quizás para matar la tarde.
Camino rápidamente. La gente no fue un obstáculo. Nada le impedía acercarse, pero un pánico lo invadió. ¿Cómo explicarle que la seguía?, y ¿si ella se asustaba?, y ¿si su vida ya estaba hecha?

Caminé largas horas por la enorme y fría ciudad. Me sentí tan triste, tan sola entre los enormes edificios. Deseaba con tantas ansias no sentirme tan sola. Pero nadie iba a notarlo, al menos no en este mundo.
Apure el paso unos segundos, quizás para escapar de aquellos sentimientos. No quería volver a mi casa, ¿para que? No había nadie que me extrañara, que me quisiera a su lado. Supongo que siempre tuve la secreta esperanza de encontrar a alguien.
Quería acabar con esta vida, quería dejar atrás todos mis tormentos, descansar de mis hombros.
La perseguí hasta un pequeño lugar. Una antigua casa que poco tenia que ver con esta ciudad. La vi entrar y pensé en todo el riesgo que significaba entrar tras ella. ¿Qué pasaría si ahí se encontraba su amante? O peor aun, su marido. Pero qué perdía, no quería volver a mi diminuta habitación.
Me acerque hasta su casa. Entonces corrí para alcanzar la puerta. Logre ver su sombra que ascendía por una antigua escalera. El lugar me pareció un poco frío; estaba sola, o al menos eso me pareció. Subí lentamente la escalera; las tablas crujieron un poco, pero no creo que ella escuchara. Un ruidoso silencio llenaba el lugar. La vi tan sola ante esa sucia ventana. Imagine sentirla en mi regazo, tibia y escasa. Quise protegerla y quedarme a su lado para siempre. No sabia cómo acercarme y que notara mi presencia, decidí solo toser.
Ella se volteo y la vi por fin de frente. Era más hermosa de lo que la había imaginado; sus ojos reflejaban miedo y me mostraron, en un segundo, todo lo que guardaban. Su piel era tersa y blanca, tenia algunos lunares perfectamente dibujados en sus mejillas, sus labios eran frescos y suaves. Eso lo se porque creo que me acerque a tocarla.
El silencio ya no me atormentaba, mas bien me parecía agradable y acogedor. Quise besarla. Le acaricie la frente y ella cerro esos luminosos ojos grises. Apoye mi mano izquierda en su rodilla, su piel me provoco un calor que invadió cada espacio de mi cuerpo.
Quise abrazarla y sostenerla en un minuto que durara para siempre. Lo hice y sentí sus lánguidos brazos en m espalda. No hubo tiempo ni palabras para explicar nada, y no creo que ella quisiera alguna explicación. Sentí una lagrima tibia derramarse en mi espalda. Me estaba regalando todo aquello tan secreto, tan íntimo. La mire, lloraba, pero a pesar de eso su rostro reflejaba paz.
La bese, sentí sus labios sobre los míos y me sentí pleno. La sostuve entre mis brazos y tuve el placer de quitarle ese pequeño vestido blanco que apenas le rozaba la piel, y la sentí tan desnuda, tan tibia. La trate con la delicadeza que nunca tuve. La observe dormir tranquila a mi lado. Toque cada una de sus curvas. El silencio fue reemplazado por su lenta respiración, y observe como se deslizaba lentamente entre las sabanas.
La ame, la ame dormida, la ame por siempre.
Ella despertó y me miro. Cuidadosamente comenzó a acariciar mi vientre y lentamente subió hasta mi pecho, y con sus manos me acaricio en un ritual que me pareció esplendido. Me miro a los ojos y tras un largo respiro dijo: “Cierra la puerta, no te vayas”.

2 comments:

time-is-running said...

a mi tampoco me postean pero ya lo supere.

lei todo loq no habai lñeido, yo tbn casis iempre lloro con rabi!! las q he llorado con pena las puedo contar con los dedos.
La soledad pa mi es una compañera q siempre ha estado muy presente en mi vida, lo cual me hace tenerle un poko de cariño muchas veces.
Lorrar.....me carag llorara en publico, de hehco creo q uno de los recuerdos mas terribles es cuanod em puse a llorar sin drame cuenta con pura genet desconocida ...fue TERRIBLE! jaja en fin cuidate caro lov ya

grude said...

uhhhh
me llegó tu cuento
escribes de pelos
siento la mamonería
pero la contendré
felicitaciones
besos
chaleka :)